SOY ELECTRÓNICA…
(y ¿porqué no?)
… Veo gueás!!. Si como dice la canción tan de moda por estos días. Sábado, un sol caliente de la puta madre, las dos de la tarde más o menos y el archi anunciado primer Love Parade en Santiago de Chile comenzaba a tomar cuerpo.
Poco a poco los jóvenes disfrazados de electrónicos comenzaban a llegar al mayor pulmón verde de la capital (léase Parque Forestal), pero también se puede ver roqueros pelo largo y polera negra, parejas adultas-jóvenes con bebé incluido y claro, ¡gente como uno!... osea, No eres del estilo electrónico, tampoco roquero, ni llevas un bebé al hombro. Más bien llevas una solera negra, los característicos lentes azules y al cuello la pequeña cámara fotográfica, para capturar la movida electrónica gratuita de un fin de semana de enero.
Ya a esa hora se ve mucha botella de cerveza en manos de sedientos bailarines de torso desnudo y como no: muchas niñitas de pelo zanahoria, fuxia o rubiecito barrio alto, con alguna prenda plástica y armada de su botellita de agua mineral. Me pregunto dónde está el éxtasis…
Los nueve camiones con publicidad de empresas y sus respectivos DJs invitados (Zikuta, Paula Burgos, Mixman, Wask, entre otros) circulan rodeando el Parque Forestal y un regueros de bailarines electrónicos sigue su móvil preferido, al ritmo de aquella musiquita.
En la calle José Miguel de la Barra estaba apostado el gran escenario, que serviría para finalizar la jornada electrónica y dar plazo al evento de clausura en la Estación Mapocho que costaba entre 12 lucas con polera Love Parade incluida.
Pero apenas eran las cuatro de la tarde y el forestal ya albergaba a un número importante de bailarines desaforados, sedientos, acalorados y desinhibidos. 60 mil almas según Carabineros, 100 mil según los organizadores.
Los vendedores ambulantes hacían nata y vendían como locos agua mineral obviamente, supuestos chocopanderos que en vez del helado te daban una lata de cerveza por 500, las botillerías del sector plagadas de compradores de chela, vino, pisco o lo que fuera para entusiasmarse, mientras el contingente policial parecía obviar la gran bebedera al ritmo de los saltos.
El intenso calor ayudó al festín de los bomberos, que chicos buenos como son calmaron el sudor de los saltimbanquis, dirigiendo chorros de agua a la masa que se incendiaba.
En las cercanías de Plaza Italia desde los departamentos, entretenidos vecinos armados de tarros con agua y hasta de duchas teléfonos aplacaban a la acalorada multitud que se ubicaba bajo sus ventanas mendigando refresco.
Parecía que hasta las estatuas de la Fuente Alemana bailaban al ritmo electrónico acompañada de entusiasmados asistentes que habían subido al punto más alto del monumento.
La tarde avanzaba y yo merodeaba por el forestal buscando fotos con la mínima cámara. Detrás del Museo de Bellas Artes la cosa se tornaba más turbia, era el sector de los muy borrachos y borrachas y los muros del museo servía para desocupar la vejiga mientras el reguero de botellas vacías y papeles transformaba el sector en un horrible basural. La fauna se tornaba más diversa aún. Si hasta los punky eran electrónicos ese sábado.
De vuelta a Plaza Italia. Ahí todo era más tranquilo y era más fácil ver pasar los móviles sentada sobre el césped, porque después de todo así como que andar saltando detrás del camión preferido, dejémoselos a los electrónicos aunque sea disfrazados. Yo me quedo con el “veo gueás, veo gueás”, porque claro que vi muchas gueás el día que la electrónica se tomó Santiago.
